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25 Abril 2019

"Cuidemos la sanidad privada"

Artículo de opinión del Dr. Ignacio Gallo publicado en el Diario Vasco.

Policlínica Gipuzkoa acaba de ser reconocida por el Instituto para el Desarrollo y la Integración de la Sanidad como uno de los 25 mejores hospitales privados del Estado. Desde estas líneas quiero felicitar a todos los que lo hacen posible cada día y aprovechar para realizar una reflexión sobre nuestra sanidad.

Hace unos días se celebraba el Día Mundial de la Salud y esto me hizo pensar en cómo estábamos gestionando nuestros recursos sanitarios. Constantemente vemos en los medios de comunicación las quejas de pacientes y familiares y, a su vez, de médicos y enfermeras por la saturación de los hospitales públicos y centros de salud. Listas de espera de cirugía, saturación en los servicios de urgencia y en las consultas de atención primaria, descontento por las condiciones de trabajo... y al mismo tiempo no dejan de publicarse recordatorios de que tenemos el mejor sistema de salud público del mundo. Y además universal.

Por otro lado, asistimos a una demonización permanente desde hace décadas del sistema sanitario privado. Se critican los conciertos con la sanidad privada como si fueran una vergüenza de la que tuviéramos que protegernos, y la cosa llega hasta el extremo de que obtener una validación de tu médico de familia en el ambulatorio de una receta expendida por un médico privado parece una provocación o que te hacen un favor. Porque la receta te la tiene que extender tu médico de familia del ambulatorio. Y si te la ha expendido un médico de la red privada ¿qué pasa? ¿Tienes que ir dos veces al médico? ¿No se respetan sus propios criterios entre médicos? ¿Además de que ahorras al sistema no recargando sus listas de consultas, te penalizan con no poder beneficiarte de la rebaja del medicamento?

Venimos arrastrando desde hace décadas, repito, un mito que al no hacerle frente, cada vez parece que gana más terreno en la conciencia social, y que vendría a decir así: «La única sanidad que vale es la pública». Sin embargo, la gran mayoría de los usuarios del sistema sanitario privado cotizan y pagan a la Seguridad Social sin apenas utilizar sus servicios. Son en torno a diez millones de personas en todo el Estado. Y, por cierto, la sanidad pública no es gratis. La pagamos entre todos, incluidos los muchísimos usuarios de la sanidad privada que si decidieran de golpe utilizar sólo la sanidad pública, que pagan pero apenas utilizan, pondrían en grave peligro su sostenibilidad, porque el sistema sanitario público no podría absorber la asistencia universal en este caso.

Se calcula -según fuentes del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad- que el ahorro que se produce por un paciente que utiliza sólo el sistema sanitario privado ronda los 1.203€/año al no consumir ningún recurso de la sanidad pública. Y el ahorro total generado se estima en torno a los diez millones de euros por los usuarios que sólo acuden a los centros privados.

Nuestros representantes políticos y responsables de los medios de comunicación tienen una asignatura pendiente desde hace años para explicar claramente cómo funciona el sistema sanitario en España y cuánto hay que agradecer al sistema sanitario privado que procura ofrecer una alternativa de calidad a pesar de todas las dificultades que desde la Administración y los respectivos gobiernos se establecen de forma concatenada.

Hace unas pocas décadas ir a un hospital privado resultaba algo reservado a las élites, sin embargo esto hoy no es así. De hecho, la sanidad privada dispone de más de la mitad de los hospitales de todo el Estado, con el 58% de los hospitales de la red española; el 56% de las resonancias magnéticas, el 47% de los PET, el 36% de los TAC, y 23 de los 27 robots quirúrgicos Da Vinci que hay en todo el Estado. En unos meses, el primer centro de Protonterapia del Estado abrirá sus puertas en Madrid de la mano del grupo Quirónsalud. Este centro permitirá acercar tratamientos oncológicos menos invasivos y más seguros para determinados pacientes oncológicos, especialmente de Pediatría. Un claro ejemplo de la importancia de la inversión privada en Sanidad, que no deja de ser un complemento que suma a la ya importante oferta sanitaria pública. Y un beneficio extraordinario para los pacientes que necesiten de estos servicios, que hasta ahora no están disponibles en nuestro país.

Todo este esfuerzo inversor privado está al alcance de todos los españoles ofreciendo una alternativa de calidad de vida y bienestar y es un claro símbolo de riqueza para un país. Y lejos de ser atacado este esfuerzo debería ser reconocido. Algunos de estos hospitales están concertados por la sanidad pública, por lo que los pacientes ni se dan cuenta de que están siendo atendidos en un centro financiado no con nuestros impuestos, sino con capital privado.

En Gipuzkoa, la colaboración sanidad público-privada viene siendo modélica desde finales de los ochenta. Rescatemos ese espíritu de colaboración en general porque no hay más sanidad que la que cura, y eso es lo único que al paciente le importa. Y gozar de una gran sanidad privada sólo es referencia de la riqueza de un país que tiene la fortuna de poder elegir médico, centro sanitario y plazo para ser atendido, a sabiendas de que todo el que acude a la sanidad privada está pagando también por la pública, aunque no la utilice. Por eso no debemos demonizar a la sanidad privada, ¡cuidémosla!