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17 Diciembre 2010

«Me han vuelto a regalar la vida». Alejandro Lázaro, paciente operado de corazón

«Tenía un pie en el otro barrio y me han vuelto a regalar la vida a los ochenta y cuatro años»
Alejandro Lázaro, paciente de estenosis aórtica

Operado de corazón hace un mes en Los Manzanos sin cirugía torácica, Alejandro driblo a la muerte y hoy pasea ya por la capital riojana

Alejandro Lázaro nació el pasado 11 de noviembre en la clínica Viamed-Los Manzanos de Logroño y hoy pasea feliz sus 84 años por la capital riojana. «Ya me he escapado dos veces hasta la fuente de Murrieta», proclama orgulloso tan sólo un mes después de ser sometido a una novedosa intervención realizada por el prestigioso cirujano cardiovascular Ignacio Gallo Mezo.

El paciente, aquejado de una estenosis (estrechamiento y obstrucción) aórtica que provocaba un deterioro que en los últimos meses tomó un rumbo irreversible, no podía ser sometido a una cirugía tradicional ante el altísimo riesgo de mortalidad. Una novedosa técnica y material de última generación enviado desde Suiza permitió, sin necesidad de que el bisturí abriese el tórax de Alejandro para llegar hasta su corazón, la implantación de una prótesis artificial a través de un catéter introducido desde la ingle.

«Me encuentro perfectamente, sin molestias ni nada. Estoy de maravilla, más bien que la puñeta», relataba ayer emocionado en declaraciones a Diario LA RIOJA en su domicilio de Gonzalo de Berceo.

«Si no me llegan a operar, para estas horas yo ya estoy olvidado», resume rotundo y agradecido al equipo médico que, asegura, «me ha regalado la vida a los 84 años». En sólo un mes el cambio ha sido radical. A primeros de noviembre el deterioro en la salud era tan evidente como alarmante y hoy Alejandro come, pasea, ve la tele, disfruta de la vida... «Yo ya no me tenía en pie, me caía, estaba muy mal y me reñían. ‘Come, come’,me decían, pero yo no podía y contestaba enfadado: ‘Cómo voy a comer si no puedo, coño’.Me daba asco la comida porque me ahogaba y no podía ni dormir.Me quedé en la piel y en los huesos», recuerda.

«No quise ni pensarlo porque era un esquelétito y el reloj se le subía casi hasta el codo.Yo desde mi cama le oía con miedo cómo se ahogaba al respirar», tercia su hija, Juana Lázaro. «Los ruidos me molestaban, la luz, la gente, todo. Sólo quería soledad y oscuridad y cuanta más, mejor», añade el recuperado paciente.

Con su esposa aquejada de demencia senil, a Alejandro Lázaro le dio hace tres años un ictus del que se recuperó, luego le detectaron una apnea profunda y arrastraba desde hace años las deficiencias cardíacas, que se complicaron en verano con problemas renales y una neumonía.

El 9 de agosto, mientras pasaba unos días en su Munilla natal, su estado empeoró y fue ingresado durante una semana en el Hospital Fundación de Calahorra. «Allí le atendieron genial y tras darle el alta nos remitieron a Cardiología a Logroño,
donde empezaron a hacerle pruebas», explica su hija.

Una noche, a primeros de septiembre, una ambulancia tuvo que trasladar al paciente a Urgencias del Hospital San Pedro, donde ingresó de inmediato. «Allí se empezó a encargar de mi padre la doctora Lucía Álvarez, a la que debemos mucho, igual que a todo su equipo. Es una profesional como la copa de un pino pero, además, es muy humana y te da calor, lo mismo que todas las enfermeras de toda la planta tercera del San Pedro», recuerda Juana.

Visto bueno suizo

Entre decenas de pruebas, la estancia en el centro hospitalario de la capital riojana se prolongó durante un mes. Enseguida, la doctora Álvarez confirmó que la cirugía tradicional estaba descartada por el altísimo riesgo, diagnóstico ratificado por Alberto Sáenz, miembro del equipo en Viamed-Los Manzanos del prestigioso cardiólogo donostiarra Ignacio Gallo Mezo.

Sólo había una alternativa, novedosa, cara y que necesitaba, además, un visto bueno desde Suiza, donde radica la empresa que ha desarrollado las válvulas aórticas artificiales que se implantan a través de un catéter sin necesidad de cirugía torácica.

A primeros de octubre, el paciente regresó a casa. «Aquí todos los días venía el doctor Ochoa, del centro de salud de Gonzalo de Berceo, quien se portó inmejorablemente, lo mismo que el ATS Pedro Somovilla», agradece Juana. El deterioro prosiguió porque Alejandro apenas podía comer. «Una pera al mediodía y un poco de melocotón en almíbar para cenar eran su único alimento», relata su hija, quien añade: «El 31 de octubre ya estaba tan mal que tuvimos que llamar al 112 para ingresar en el San Pedro otra vez». El 5 de noviembre llegó la feliz noticia desde Viamed-Los Manzanos: Suiza había dado el visto bueno y la mesa de operaciones esperaba al paciente el día 11.

Tres horas de exitosa intervención quirúrgica y la posterior extracción de dos litros de líquido de los pulmones comenzaron a obrar el milagro hasta que, recuerda Juana, «el doctor Martínez Flórez, otro médico maravilloso, le dio el alta».

Eminencias y humanos «No podía ni andar y ahora me he escapado ya dos veces hasta la
fuente de Murrieta. Me ha entrado el apetito y ahora duermo perfectamente; la noche se me hace hasta corta. Yo estaba con un pie en el otro barrio porque yo lo sentía, al enfermo no se le engaña y es el que mejor lo ve, y ahora me han regalada la vida otra vez a los 84 años», agradece Alejandro.

«Aparte de unas eminencias como médicos, nunca agradeceré lo suficiente el trato tan sencillo y tan humano que tienen el doctor Gallo y su equipo», se suma su hija, quien tampoco olvida la crítica para otros médicos que «durante años nos han tenido engañados sobre cómo estaba mi padre y luego achacaban su estado a la edad y a que con tantos años no merecía la pena hacer ya nada». Juana se rebela contra esas tesis. «La gente mayor tiene el mismo derecho a vivir que la joven. Si Dios quiere llevárselos con ochenta años que se los lleve, pero si la ciencia los puede mantener cinco años más no tienen por qué rechazar eso».

El largo listado de agradecimientos de la familia se cierra con el Gobierno de La Rioja. «No somos enchufados, somos gente humilde y yo por mi padre pido un crédito ome gasto todo lo que tenga, pero no ha hecho falta porque la Consejería de Salud ha sufragado todo». Juana, inagotable al cuidado de sus padres, espera ahora con ilusión la ya cercana Navidad. «A mí ya me ha tocado la lotería», se despide emocionada.

Un operación quirúrgica de 3 horas, 12 profesionales y casi 30.000euros

El equipo médico necesito el visto bueno llegado desde Suiza antes de realizar la intervención.

Ni sencillo ni barato ni en cualquier hospital. La implantación de una válvula aórtica sin cirugía torácica es una técnica novedosa que empezó a realizarse hace apenas un año. El pasado 11 de noviembre se practicó en la clínica riojana Los Manzanos a Alejandro Lázaro.

Las manos mágicas del cirujano cardiovascular Ignacio Gallo obraron el milagro médico que salvó al paciente riojano de 84 años. «No se puede hacer en todos los hospitales y, además, presupuestariamente es también complicado porque es bastante más caro que el material protésico estándar que utilizamos. Hay gente que superpone el tamaño del edificio a la calidad de los servicios y esto no funciona así. En el caso de Los Manzanos puedo asegurar que la calidad es enorme», resume en declaraciones a Diario LA RIOJA el prestigioso doctor.

«El mayor problema de la estenosis aórtica es que cuando aparecen los síntomas, cuando ya empiezan a estar mal, los pacientes tienen una mortalidad altísima, de un 50% en los dos primeros años. La sustitución valvular quirúrgica reduce los síntomas y la mortalidad de otros pacientes, pero aproximadamente el 30% de los pacientes no puede operarse por su edad avanzada, porque el corazón no funcionan bien o por goteras colaterales renales, neurológicas, de todo tipo. Esos pacientes con tan alto riesgo son los que pueden beneficiarse de esa técnica», añade.

Recopilados los datos específicos de Alejandro fueron remitidos a Suiza, donde la empresa que ha desarrollado la técnica y las válvulas, estudia caso por caso para decidir si está indicado o no. El visto bueno suizo llegó el 5 de noviembre y la operación se realizó el 11. Tres horas de intervención y el trabajo de 12 profesionales rubricaron el éxito de una costosa operación. «El material protésico cuesta cinco o seis veces lo que una válvula estándar de las que implantamos desde los años setenta».

Con unos 20.000 euros en material, el coste total de la operación habría rondado los 30.000 euros. «Hay gente que pide que a ellos les operen así, sin cicatriz, pero hoy en día no sabemos cuál va a ser la duración de este tipo de material porque las primeras han empezado a implantarse hace poco más de un año. Una estándar de pericardio de cerdo puede durar 15 años; éstas no lo sabemos, por eso están desaconsejadas en individuos que tienen una baja tasa de mortalidad», concluye el doctor Gallo.

«El porcentaje de mortalidad de Alejandro era del 33,7%»
Ignacio Gallo Mezo, Cirujano cardiovascular

Poner en marcha la cadena para que la novedosa intervención quirúrgica pudiera realizarse en la clínica logroñesa Viamed-Los Manzanos no fue fácil. Hubo que recopilar todos los datos específicos del paciente y remitirlos a Suiza, donde la casa comercial que ha evolucionado este tipo de válvulas y ha invertido en ello millones de euros decide si está indicado ono. «Esto lleva su tiempo», resume el doctor Ignacio Gallo Mezo, quien admite que no las tenía todas consigo antes de operar a Alejandro Lázaro. «En el caso de este paciente se había deteriorado tanto en los últimos días que pensamos que no llegábamos a tiempo, estaba como un pajarito y ni elevaba las sábanas de la cama. Después de aquello ver el cambio tan espectacular... pues claro la familia casi ni se lo cree», asegura en declaraciones a Diario LA RIOJA.

«El paciente y su familia eran conscientes del deterioro y hoy son conscientes de que a Alejandro se le ha regalado una vida», resume el prestigioso cirujano que recuerda con cariño los agradecimientos de la familia Lázaro.

A este tipo de intervenciones derivamos a los pacientes que sufren esta enfermedad y que superan un porcentaje alto de mortalidad en los treinta primeros días posteriores a la cirugía tradicional. «Hoy en día podemos averiguar el porcentaje de mortalidad de todos los pacientes y este hombre en concreto tenía, a priori, un 33,7% de posibilidades de tener complicaciones serias irreversibles o de morir en un cirugía estándar», recuerda el cirujano donostiarra. «Hoy en día cuando se supera el 20% se recomienda hacer la valvulopatía
aórtica», explica el doctor, para añadir que «desgraciadamente para otro tipo de intervenciones a día de hoy no tenemos un arsenal terapéutico de esta índole, que aparecerá, seguro».